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El proyecto de los baños públicos en la edición 2010 de Casa Decor se convirtió en un juego conceptual donde cada elemento diseñado tenía una relación con los espacios adyacentes.
Así, los aseos se presentaban como mini-cocinas, con grifos que se transformaban en brazos de ducha; mangueras flexibles que imitaban la grifería de una pescadería; una cuchara que servía como tirador de puerta; un escurridor de pasta convertido en lámparas con haces de luz como espaguetis, y plantas aromáticas colocadas en cazos culinarios.
Todos estos detalles estaban pensados para unirse en una «receta de cocina».
La fuerza de este espacio reside principalmente en la conexión de su concepto con el lema “somos lo que comemos”. Este lema representa nuestro intestino, donde todo se mezcla convulsivamente: azulejos de cerámica típicos de viejas cocinas se mezclan con elementos industriales; cataratas de agua, que en realidad son cadenas metálicas, juegan con pinzas de coche que funcionan como faros de iluminación; y asientos móviles hechos de revistas recicladas.
A pesar de su destino funcional, todo esto no impide mantener la fuerte identidad de un baño: divertido y original, el diseño juega con la idea de alterar los lugares habituales y objetos comunes, bajo la premisa de que “nada es lo que parece”.
Es un monumento a nuestro intestino, ese triturador de todo, en el que el espectador debe sentirse cómodo, ya que un baño puede representarnos mucho más de lo que imaginamos.
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